Ayer, después de mucho tiempo sin hacerlo, recorrí, sola y de madrugada las calles de Barcelona. Mis piernas estaban cansadas, mi cuerpo exhausto pero mi mente despierta. Cogí el ipod de mi bolso, coloqué los auriculares en mis orejas y empecé a caminar, lentamente, hacia ninguna parte. Los pies me hormigueaban en forma de calor que se extendía hasta mis rodillas.
Podría haberme quedado sentada en cualquier rincón y haber esperado a que se hiciese la hora para coger mi autobús, pero sentí la necesidad de seguir caminando hacia ningún sitio.
Las luz artificial de las farolas se mezclaba con los primeros rayos de sol de la mañana. Las calles estaban extrañamente desiertas y, de vez en cuando, me cruzaba con algún desconocido sin cara, como lo estaba siendo yo en ése momento. Y entonces, en medio de ése paraje desierto, caminando a algún lugar que ni siquiera yo sabía y escuchando solamente música me sentí parte de algo más grande.
En ésa corriente de gente sin cara donde yo me encontraba también había algo que me hacía sentir especial. Algo muy diferente a sentirse único, a sentirse querido o a sentirse especial. Porque en aquel momento yo no era absolutamente nadie.
Porque para seguir respirando no todos los días tenemos que ser nosotros mismos. Hay veces en que tenemos que olvidarnos de todo lo que somos y de todo lo que nos rodea y empezar a caminar sin sentido, y convertirnos en una sombra más en las calles de madrugada. Unas calles en las que todo el mundo es un completo desconocido.
Podría haberme quedado sentada en cualquier rincón y haber esperado a que se hiciese la hora para coger mi autobús, pero sentí la necesidad de seguir caminando hacia ningún sitio.
Las luz artificial de las farolas se mezclaba con los primeros rayos de sol de la mañana. Las calles estaban extrañamente desiertas y, de vez en cuando, me cruzaba con algún desconocido sin cara, como lo estaba siendo yo en ése momento. Y entonces, en medio de ése paraje desierto, caminando a algún lugar que ni siquiera yo sabía y escuchando solamente música me sentí parte de algo más grande.
En ésa corriente de gente sin cara donde yo me encontraba también había algo que me hacía sentir especial. Algo muy diferente a sentirse único, a sentirse querido o a sentirse especial. Porque en aquel momento yo no era absolutamente nadie.
Porque para seguir respirando no todos los días tenemos que ser nosotros mismos. Hay veces en que tenemos que olvidarnos de todo lo que somos y de todo lo que nos rodea y empezar a caminar sin sentido, y convertirnos en una sombra más en las calles de madrugada. Unas calles en las que todo el mundo es un completo desconocido.
Current Music: Eri Nobuchika - Voice
1 comment | Leave a comment



